El antiguo presentador de la cadena Fox ha cesado a más de una docena de altos mandos, incluido el jefe del Estado Mayor del Ejército, y ha bloqueado promociones de miembros de minorías

“Máxima letalidad, nada de tibia legalidad” o “efecto violento, no a lo políticamente correcto”. Son algunos de los lemas, con ripio inclu, que proclama el secretario de Defensa —o de Guerra, como prefiere autodenominarse—, Pete Hegseth, en comparecencias públicas. En las ruedas de prensa sobre la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán, su lenguaje ha sido igualmente agresivo: predice “pura destrucción” y una “lucha sin cuartel” contra el adversario. Siempre, eso sí, invocando a Dios. En un servicio religioso en el Pentágono hace un par...

de semanas, suplicaba que bendijera “una violencia abrumadora” contra “aquellos no merecen piedad”. Él mismo no ha tenido compasión contra los que percibe como adversarios dentro del Pentágono: en 14 meses ha purgado a toda una galería de altos mandos por desacuerdos con ellos. Muchos eran mujeres, o varones afroamericanos.

Desde su llegada al Pentágono en enero del año pasado, el antiguo presentador de la cadena de televisión conservadora Fox News, autor de libros de opinión y veterano de la guerra en Irak, ha tenido una misión en mente: convertir las fuerzas armadas de su país ―en su opinión, demasiado políticamente correctas, demasiado respetuosas de la legalidad y sin fondos ni la autoestima necesarios― en una máquina de destrucción del enemigo, especializado en esa “letalidad” que no se le cae de la boca. Y transformar, por el camino, el fenotipo del militar estadounidense. Deben ser soldados “guerreros” y no “defensores”, dice. Y preferiblemente ―aunque esto no lo diga abiertamente―, reflejar la propia imagen de Hegseth: blanco, cristiano y varón. Musculoso y fotogénico.