Las bases militares de Washington en Europa son claves para la seguridad de la potencia mundial. Varias leyes restringen considerablemente el margen de maniobra del presidente para abandonar la Alianza

El mundo empieza a perder la cuenta de las veces que Donald Trump ha amenazado estos días con abandonar la OTAN y dejar en la estacada a sus aliados europeos por negarse a seguirlo

a/2026-04-03/la-guerra-de-iran-resucita-el-riesgo-de-estanflacion-50-anos-despues-de-la-ultima-gran-crisis.html" data-link-track-dtm=""> en su mal planificada aventura bélica en Irán. Y especialmente porque han restringido el uso de las bases militares en territorio europeo —no solo España, también Francia, el Reino Unido o incluso Italia han puesto límites o condiciones al uso de esas instalaciones o prohibido sobrevolar su espacio aéreo a aviones militares con destino a Oriente Próximo— para una guerra de la que ni fueron advertidos. Son tantas las amenazas del presidente estadounidense que su par francés, Emmanuel Macron, le advirtió esta semana: “Si cada día se pone en duda el compromiso, se vacía de contenido”.

Aunque no es, ni mucho menos, la primera vez que Trump cuestiona o presiona a Europa para invertir más en defensa ―ahí está su imposición del 5% de gasto para 2035 acordado con sonrisas forzadas en la cumbre de la OTAN en La Haya—, está claro que hay inquietud en la orilla oriental del Atlántico por los constantes cuestionamientos a la mayor alianza defensiva de la historia por parte de su miembro más poderoso y, a corto plazo, insustituible.