El buque representa una amenaza medioambiental y económica para el país norteafricano, pero las condiciones meteorológicas, la falta de ayuda y las sanciones al barco están dificultando la operación
En medio de un agresivo temporal y con unas capacidades limitadas, Libia se ha enfrentado en los últimos días a graves dificultades para controlar un metanero de Rusia sancionado que terminó frente a su costa y fuera de control tras haber sufrido una misteriosa explosión a principios de marzo que Moscú atribuyó a
internacional/2026-02-24/ucrania-se-adentra-en-el-quinto-ano-de-guerra-entre-el-desgaste-y-la-presion-de-trump.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-02-24/ucrania-se-adentra-en-el-quinto-ano-de-guerra-entre-el-desgaste-y-la-presion-de-trump.html" data-link-track-dtm="">Ucrania. Para el país norteafricano, el riesgo de una fuga de combustible, otra explosión, una falla estructural o una colisión directa representa una grave amenaza medioambiental y para su infraestructura de petróleo y gas en alta mar.
El incidente que sufrió el metanero Arctic Metagaz el 3 de marzo en el Mediterráneo central sigue estando rodeado de un cierto misterio. Rusia ha acusado a Ucrania de haber atacado el buque desde la costa de Libia, presumiblemente con una embarcación explosiva teledirigida que provocó un incendio y abrió una vía de agua en su caso a la altura de la línea de flotación. Kiev se ha mantenido en silencio y no se ha atribuido la responsabilidad del golpe, pese a haber llevado a cabo acciones de sabotaje similares en el pasado, sobre todo en el mar Negro.










