El cantante Pablo Alborán, en una imagen de archivo. EFE/ Sergio Pérez
Javier Herrero |
Madrid (EFE).- Después de volver a su propio kilómetro cero y reconectar con la energía de las primeras veces, Pablo Alborán celebra el final, por ahora, de una gira extensa y nómada por América, que le ha permitido visitar lugares nuevos, «aprender» y, de paso, «valorar» lo que tiene en casa.
«No sería como soy si no hubiera viajado ni estado con mi guitarrita por ahí. La gente no se acuerda pero estuve año y medio por bares y antros con un disco bajo el brazo que nadie quería. Después en Argentina y México me costó muchísimo hacer un auditorio. Y es bueno que cueste, porque si no da la sensación de que las cosas son fugaces», valora en una charla con EFE tras reunir a unas 100.000 personas al otro lado del Atlántico.
Este martes cerró la primera parte de la gira con su debut en Zacatecas (México), después de visitar ciudades como Santiago, Buenos Aires, Bogotá o Lima y colgar el cartel de «entradas agotadas» en sus conciertos en Sao Paulo. También ese fue un estreno, pues nunca en 15 años había actuado en Brasil, una deuda que tenía con ese «público cariñoso» que llevaba tiempo peleando para verlo.






