Pablo Alborán (Málaga, 36 años) es el mejor y el peor entrevistado posible. Es entusiasta, se toma tiempo en sus respuestas y ríe a menudo, pero a la vez, probablemente consciente de que España lleva años buscando una grieta en su imagen de chico perfecto, está dispuesto a blindarla a cal y canto. No tanto porque haya nada que ocultar, sino por el firme convencimiento de que sus grietas no le incumben a nadie más que a él. Hasta el punto de que, en sus entrevistas, es habitual que el propio periodista le ruegue algún titular. Ha posado con diligencia y rapidez para las fotografías, aunque admita que se siente disfrazado si no viste algo que él mismo se pondría “para bajar a comprar el pan”. En su armario tampoco hay demasiadas excentricidades, pero admite haberse gastado dinero en “buenos abrigos que tengo desde hace diez años” y en algún que otro reloj. Durante la entrevista lleva puesto un Rolex, pero al que más cariño tiene es a uno que perteneció a su abuelo y que tendrá, calcula, unos 80 años. Enseguida corrige: “No, ¡qué coño! Tendrá unos 130 años, porque perteneció a la vez al abuelo de mi abuelo”.

Alborán ha dicho “coño”, y esto es importante. Hace unos meses lanzó Clickbait, primer single de su nuevo álbum KM0, más cercana al urban y a la electrónica que las baladas que le han hecho famoso. La produce Alber Hype, que Rolling Stone considera “el arquitecto del sonido latino” y que ha ayudado a construir canciones de artistas en principio tan alejados de la idea general que tenemos de Alborán como Bad Bunny o Kali Uchis. En ella, Pablo también dice “coño”. Dos veces. Y “joder” (“Si me jodiera verlos, me preocuparía”). Solo una vez. Pero el Pablo experimental, si quiere llamarlo así, no es tan nuevo como alguno podría creer: en sus discos ha habido fados, bachatas, electrónica, dance y hasta algo de arabesco. Lo de las palabrotas, sí. En esta entrevista soltará unas cuantas, pero pedirá quitar algunas. Y le hemos hecho caso. Con KM0, afirma, quiere recuperar algo de lo que sentía cuando empezó en la música hace unos 15 años: “No sabía lo que iba a pasar, si iba a gustar o no”.