La recuperación de la tradición de vestirse de mantilla el Jueves Santo incrementa la demanda de este complemento y las peticiones de reparación de unos objetos que suelen ser reliquias familiares de alto valor patrimonial
Las hay de carey —las menos—, de acetato, de teja alta o más baja, cuadradas o redondeadas, hechas a mano o industriales, más o menos buriladas, más o menos brillantes, de color concha, habana o caramelo, modernistas, isabelinas… No son esculturas, sino objetos personales y artesanales que suelen pasar desapercibidos porque se encargan de sujetar la mantilla y realzar el busto de las mujeres que las llevan. Hablamos de las peinas, un ajuar que normalmente se ha atesorado como una reliquia familiar que solía pasar de generación en generación, pero que ahora,
title="https://elpais.com/gente/2021-04-01/transgresiones-bajo-las-mantillas-de-la-semana-santa.html" data-link-track-dtm="">con la recuperación de la tradición de vestirse de mantilla el Jueves Santo, se ha convertido en un elemento indispensable que las abuelas o las madres quieren regalar a la joven de la familia que se inicia por primera vez en el ritual de colocarse esta indumentaria. “Es una tradición que se ha recobrado en los últimos años. Cada vez vienen más personas para comprarle una peina a su hija o a su nieta o a preguntar cómo pueden recuperar la que tenían guardada en su casa”, explica Lola González, especialista en peinas de Foronda, la casa sevillana centenaria referente en mantones de manila y mantillas.








