La guerra que EE UU ha iniciado puede ser el fin de su influencia en Oriente Próximo. Y contradice flagrantemente la Estrategia de Seguridad Nacional presentada en noviembre

La Estrategia de Seguridad Nacional publicada en noviembre del año pasado por el Gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, es un documento notable, de gran alcance y diferente a cualquiera de sus antecesores desde que George Bush (padre) “ahuyentó” el “síndrome de Vietnam” a principios de los años noventa. En la carta de presentación con su firma, Trump ...

la describe como una “hoja de ruta para garantizar que Estados Unidos siga siendo la nación más grande y exitosa de la historia de la humanidad”.

La estrategia de Trump pone los ideales fundacionales de Estados Unidos como base de su éxito y su grandeza. “En la Declaración de Independencia, los fundadores de Estados Unidos dejaron sentada una clara preferencia por no intervenir en los asuntos de otras naciones”. Pero, por desgracia, “nuestras élites calcularon mal lo dispuesto que estaría Estados Unidos a asumir cargas globales interminables en las que el pueblo estadounidense no veía ninguna conexión con el interés nacional”. Esas élites “permitieron que aliados y socios delegaran en el pueblo estadounidense el costo de su defensa” y “a veces nos arrastraran a conflictos y disputas centrales para sus intereses, pero periféricos o irrelevantes para los nuestros”.