En una ciudad donde hay más perros que niños, la hipersensibilidad de los dueños con la libertad de sus mascotas es tan alta que se recomienda ser prudente con el reproche

El comportamiento de tu perro es el reflejo de tu educación. Esta es una frase popular que algunos propietarios de mascotas desconocen y que enlaza con la campaña publicitaria del Ayuntamiento de Barcelona: “Poca...

vergonya”. Un eslogan que, según el Consistorio, quiere luchar contra el incivismo con un tono contundente y a la vez pedagógico para que vecinos y turistas respeten el espacio público denunciando a los que se orinan en las calles, practican el botellón o tiran residuos de todo tipo.

La iniciativa municipal pone en el punto de mira a los propietarios de los perros que orinan y defecan en la calle. La nueva ordenanza de Convivencia obliga a verter agua al orín y recoger los excrementos a sus dueños, y sanciona con 300 euros a los que no lo hagan. En un mundo en el que todo lo medimos por lo que vale, no es baladí recordar que el ayuntamiento barcelonés destina anualmente unos 300 millones de euros a limpiar el espacio público, o lo que es lo mismo, cerca de 200 euros por habitante.

Es habitual oler, especialmente en épocas de calor, los desagradables tufos en las aceras del Cap i Casal. Sin embargo, no es muy prudente protestar si uno se percata de la vulneración de la norma por parte de algún propietario de chucho. En una ciudad donde hay más perros que niños, la hipersensibilidad de los dueños con la libertad de sus mascotas es tan alta que se recomienda ser prudente con el reproche.