A pesar de la superioridad militar, Estados Unidos va a lograr que Teherán se sienta ganadora de la guerra

Hay indicios y declaraciones de que Washington planea una operación terrestre en Irán. Incluso si se excluye la invasión y se limita a acciones puntuales, analistas políticos y militares advierten del yerro. No es el primero. Desde el principio, la guerra de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica ha acumulado un error tras otro. ...

Para empezar, fue un gran desacierto de la primera presidencia de Donald Trump abandonar en 2018 el acuerdo nuclear. Tres años antes, Teherán había aceptado embridar su programa atómico para alejar la sospecha de que escondía un objetivo militar (como Israel denuncia periódicamente desde 1984). Aquella decisión, que restableció las sanciones económicas previas, cargó de razones al régimen islamista para saltarse la mayoría de los límites que asumió con el pacto (cantidad de uranio enriquecido, nivel de enriquecimiento, régimen de verificación). Esa respuesta sirvió a su vez al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para inflar la amenaza iraní.

Hay consenso en que Netanyahu ha arrastrado a la guerra a Trump. Si el argumento del israelí fue que la oportunidad de asesinar al líder supremo Ali Jameneí y varios de sus jefes militares el 28 de febrero abriría la puerta a un cambio de régimen, no pudo andar más desencaminado. Fuera o no así, Trump ha dado a entender que esperaba que el golpe de efecto diera paso a una alternativa al estilo de lo que consiguió en Venezuela a principios de año: un líder manejable. Semejante confusión indica un profundo desconocimiento de cómo funciona la República Islámica.