En África Central la caza ilegal sustituye a la ganadería que no es económicamente viable y no alcanza para abastecer de carne a la población

En el Norte Global la caza dejó hace tiempo de ser una actividad de subsistencia para convertirse en una práctica de ocio, pero esa transformación no ha sido así en todo el mundo. En amplias zonas del planeta, la caza sigue siendo una actividad vinculada a la supervivencia. Particularmente en África Central conviven la caza deportiva de alto coste en reservas privadas con prácticas ilegales vinculadas al comercio de especies, y con otras formas tradicionales de caza que garantizan el consumo de carne en enormes extensiones donde la ganadería no existe, no es económicamente viable o no es suficiente para abastecer a las poblaciones.

Si hablamos de caza ilegal, lo más probable es que pensemos en elefantes africanos abatidos por su marfil o rinocerontes cazados para amputarles sus cuernos, símbolos ambos de un comercio destinado a abastecer los mercados internacionales, como los bien conocidos mercados de medicina tradicional chinos. Pero esta es solo una parte del problema. En amplias partes de la cuenca del Congo se encuentra otra realidad mucho más extendida a la vez que silenciosa: la caza destinada al consumo tanto de especies autorizadas como especies protegidas y amenazadas. En este contexto, los límites de las áreas protegidas resultan, en la práctica, extremadamente permeables. Y es en este tipo de caza, difícil de cuantificar y aún más de gestionar, donde se sitúa uno de los grandes desafíos actuales para la conservación en África. Porque si bien regular la caza deportiva resulta relativamente sencillo, limitar una actividad que a menudo constituye la principal fuente de proteínas para millones de personas es mucho más complejo.