La escasa intervención del ejército británico en Oriente Próximo revela las carencias militares actuales del Reino Unido

Keir Starmer ha encontrado en los continuos ataques y desprecios que recibe de Donald Trump la fórmula para reforzar su perfil político. La mayoría de los votantes laboristas, y también de los liberales demócratas, aplauden su aparente firmeza al no dejarse arrastrar a la guerra lanza...

da por Estados Unidos e Israel contra Irán. Los insultos del estadounidense ―“este [por Starmer] no tiene nada que ver con Churchill”, por ejemplo― permiten al primer ministro británico ofrecer a sus ciudadanos, como contraste, una clara posición de fuerza y calma.

“Entiendo lo que está ocurriendo”, decía Starmer en Sky News, para intentar buscar una explicación racional a las arremetidas de Trump. “Se trata de presionarme por todas las vías posibles, pero no voy a ceder. No voy a abandonar los principios y valores que siempre he defendido”, aseguraba.

Todos los intentos del primer ministro británico por mantener una relación cálida y directa con el presidente estadounidense, que muchos miembros del Partido Laborista y sus votantes han visto como una pleitesía exagerada e innecesaria, se han ido al traste al estallar la guerra en Oriente Próximo.