El revés sufrido en las urnas por la reforma judicial de Giorgia Meloni demuestra que el discurso ultra también tiene un límite para los ciudadanos
Algo se ha movido en Italia. Giorgia Meloni, la primera ministra ultraderechista, sufrió una contundente derrota en las urnas en el polémico referéndum celebrado hace una semana en el que proponía reformar la Constitución para modificar las carreras de los integrantes del poder judicial. Según los críticos con la reforma, de ese modo quedaría gravemente mermada la independencia de uno de los pilares del Estado democrático. Los ciudadanos italianos compartieron esta visión, y el 53,7% —más de 14 millones de votantes— rechazó la medida y propinó a la líder de Hermanos de Italia su primera gran derrota en las urnas desde que llegó a la jefatura del Gobierno en 2022.
La líder populista se había embarcado en una reforma legislativa que, lejos de ser original, sigue la misma deriva por la que han optado gobiernos afines ideológicamente en otras democracias del planeta: intentar minar la independencia de los jueces para extender sin cortapisas el poder del Ejecutivo. La polémica estaba servida desde el primer momento, pero, por si hubiera dudas, Giusi Bartolozzi, jefa de gabinete del Ministerio de Justicia —e implicada en la irregular puesta en libertad de un militar libio acusado de crímenes contra la humanidad— insultó a los jueces tachándolos de “pelotón de ejecución” y anunció que, de vencer en el referéndum, los echarían a todos.








