Los Pasdarán despliegan su poder militar y dirigen el régimen en la guerra. La consolidación de la línea dura y el debilitamiento de las funciones del presidente son el resultado de un proceso desarrollado durante décadas
Antes de la guerra de 12 días mantenida el pasado junio entre Irán e Israel, cuando el programa nuclear de Teherán fue bombardeado, los comandantes de la Guardia Revolucionaria (Pasdarán), puntal de las fuerzas armadas iraníes, mantenían su influencia sobre la toma de decisiones oculta tras un entramado de instituciones que...
simulaban una democracia que pretendía legitimar al régimen. Ese velo se ha desvanecido: en el actual conflicto contra Estados Unidos e Israel, el control militar de la Guardia Revolucionaria sobre todas las ramas del Estado se ha vuelto más visible y decisivo que nunca.
Al inicio de la ofensiva contra el régimen, algunos analistas anticipaban que los ataques sostenidos contra las infraestructuras militares y de seguridad iraníes podrían derribar rápidamente al Gobierno. Pero los expertos en la compleja estructura de poder de Irán advertían que esas predicciones eran simplistas. Ahora, tras cuatro semanas de guerra, aunque la fuerza militar del país se ha visto mermada, Irán sigue siendo capaz de amenazar los intereses de Washington y sus aliados, mantener cerrado el estrecho de Ormuz al tránsito de buques y generar tensiones en los mercados energéticos internacionales. El desgaste de la cúpula militar y política de la República Islámica resulta, no obstante, innegable.






