La intérprete, de 51 años y más de 25 de carrera, sobre todo en teatro, estrena junto a Malena Alterio la obra ‘La vida extraordinaria’, de Mariano Tenconi, sobre la amistad, el amor, la literatura y la pérdida
Llega al piano bar del hotel donde quedamos, desierto a la una de la tarde, y, al verla, se produce esa sensación de conocer a alguien de toda la vida, aunque no hayas intercambiado jamás una palabra, que provocan ciertas celebridades especialmente populares. Pese a su ropa negra, su pelo negro y sus ojos negrísimos, o quizá precisamente por todo ello, su cutis resplandece, como iluminado por dentro. Educada y algo tímida de entrada, le proponemos hacer primero las fotos para charlar después tranquilamente y, delante de la cámara parece crecerse dos palmos sosteniendo la mirada en un primerísimo plano al alcance de muy pocos rostros y aplomos. El piano, y un sombrero de copa de atrezo parecen pedir a gritos participar en el festín gráfico y Ruiz no solo no pone pegas a la sugerencia, sino que la hace suya para delicia del fotógrafo. Da gusto verla actuar aunque nadie haya gritado “acción”. Le sobra oficio.
Menudo aplomo ante la cámara. ¿Tablas o improvisación?
Bueno, es que es fundamental en mi oficio. Es muy importante conocerse a uno mismo y saber los límites, o no límites que tienes como profesional. Yo he estudiado mucho, mucho, sobre mi cuerpo y el movimiento. Tienes que estar en forma. Hago mucho deporte: esgrima, artes marciales, y bailo mucho: en casa, y mis miércoles de baile de music hall con otras compañeras actrices como Ana Wagener y Belén Rueda no me los quita nadie. Tienes que estar siempre con el cuerpo alerta por lo que pueda pedir de ti en escena.






