La actriz, cantante, bailarina y pintora, con 40 años en escena, estrena ‘El jardín de los cerezos’ inmediatamente después de ‘Cabaret’. Considera su cuerpo un instrumento de trabajo: “Lo cuido como un ‘stradivarius”

Una, más o menos coetánea de la entrevistada, tiene una cierta idea de Carmen Conesa, aunque, como a otras actrices de su edad, haga tiempo que no la vea en pantalla en papeles de protagonista. Una mujer alta y espigada al modo de las bailarinas, con una melena de rizos rubios volando al viento, aunque no haga viento. Y es esa misma estampa, con el tamiz de los años en la voz y en el rostro, la que se materializa en el atrio del teatro Fernán Gómez de Madrid, donde ultima los ensayos de El jardín de los cerezos, el clásico de Chéjov, y donde hemos quedado para charlar sin prisas. Antes, ofrece su cutis sin retoques al fotógrafo sin ponerle media pega, a diferencia de otras celebridades más jóvenes y menos prestigiosas. No le hace falta. Hipnotiza a la cámara.

Muchos la recuerdan como una de Las chicas de hoy en día, una serie de 1991 que solo duró un año en antena. ¿Por qué cree que sucede?

Me halaga, claro. Fue un momento en que llegaban este tipo de series a la televisión española. Una sitcom de 25 minutos, rodada en cine, en un tiempo en que se veían series tipo Cañas y barro. De la mano de Fernando Colomo, aparecieron estas chicas que llegan a la gran ciudad queriendo ser actrices, y fue un golpe de viento fresco. La siento casi como autobiográfica. Nuria Rocamora, mi personaje, era una catalana llegando a Madrid y queriéndose comer el mundo, y yo acababa de llegar de pasar un año en Nueva York, con una beca del Comité Hispanoamericano, y quería zampármelo todo.