Hace un tiempo que el club está en todas partes: de la última exposición de Pierre Huyghe al nuevo disco de Rosalía, de ‘Los años nuevos’ a varias novelas que lo usan como emblema de un Berlín en extinción
A Berghain se solía ir de fiesta. Ahora también se puede ir a ver arte. En la Halle am Berghain, monumental nave adosada al club más famoso del mundo —nueve metros de altura, pilares de hormigón y acero, escala de catedral industrial—, una estrella del arte europeo como
html" data-link-track-dtm="">Pierre Huyghe presentó hasta hace pocos días su última instalación, Liminals. Llegamos hasta allí caminando entre ruinas de la antigua RDA, con la utopía socialista transmutada en escenario de ciencia ficción distópica. Aun así, la vieja central eléctrica de los años cincuenta que alberga el club desde 2004 sigue en pie, más joven que nunca. En la oscuridad casi total del recinto, una pantalla gigantesca proyectaba un vídeo en el que una figura sin rostro avanzaba por un paisaje posapocalíptico, como si fuera un fondo marino devuelto a la superficie tras una catástrofe geológica.
El público se repartía por el espacio con una informalidad poco museística: sentados en los bancos o en el suelo, apoyados en las paredes, deambulando por esa arquitectura ominosa. Durante casi una hora, sin que la narración obedeciera a conceptos tan desfasados como principio y fin, la criatura protagonista arrastraba los dedos por la tierra, se deslizaba entre cavidades minerales y copulaba con las rocas, como si asistiera a un nuevo big bang después del derrumbe al que todo nos empuja. Había vapor en el aire, líquenes sobre las piedras, relieves de arrecife fósil. A ratos, la banda sonora de la instalación se confundía con la prueba de sonido del club, al otro lado de un grueso muro brutalista. A ambas bandas, el tiempo quedaría suspendido, aunque fuera usando métodos distintos. Quien haya llegado tarde podrá ver esta instalación en la Fundación Beyeler, en Basilea, a partir del 24 de mayo.






