Una charla sobre ‘Sinners’ con Miquel Jurado, crítico musical y autor de un libro de viajes sobre la región del bajo Misisipi en el que recorrió los escenarios de la película

“Resumiendo: sí, me gustó Sinners, y eso que iba con mucha reticencia por los vampiros”. Miquel Jurado apura su café en este Starbucks barcelonés en el que sólo con mucha imaginación te puedes creer que estás en un juke joint del Misisipi, esos locales de los negros del sur de Estados Unidos, a menudo en viejos graneros, donde se podía oír música, bailar, beber comer y hacer apuestas mientras te esperaba afuera aviesamente el Ku Klux Klan para colgarte de un árbol junto a su cruz en llamas (escúchese el tema Strange fruit, de Billie Holliday). Claro que para dar ambiente ya está aquí Miquel, un hombre que ha viajado al lado oscuro e incluso a la encrucijada del diablo (de hecho...

a dos) como los personajes de Sinners, la película que recientemente se ha llevado cuatro estatuillas en la última ceremonia de los Óscars de Hollywood.

El filme de Ryan Coogler ha sido la excusa para encontrarnos. A mí me encantó (no paro de revisar una y otra vez la excitante y escalofriante escena de la danza del vampiro jefe Remmick y su enloquecido baile irlandés, puro Lord of the dance infernal), y quería comentarlo con alguien que supiera del tema. Nadie mejor para ello que Miquel Jurado (Barcelona, 75 años), crítico musical y buen conocedor de primera mano de los escenarios de Sinners. Miquel es autor de un libro espléndido sobre sus viajes a la región del Misisipi, El río de la música, del jazz y el blues al rock, desde Memphis a Nueva Orleans (Redbook-Ma Non Tropo, 2019), que le presentamos en su día en la Fnac en singular tripleta Joan Manuel Serrat, el blues man Amadeu Casas y un servidor, sin más mérito yo que ser amigo del autor y haber leído a Mark Twain. Miquel (“soy un tipo de Vilasar de Mar que apareció un día por el Misisipi y se enamoró de aquello”) me recompensó con una preciosa pluma de águila costumizada por el artista navajo Junior Ganadonegro que es una de mis más preciadas posesiones y me mantiene relativamente alejado de todo mal.