El actor sueco presenta en la Seminci ‘Pillion’, una película que explora las relaciones sadomasoquistas y la sexualidad masculina
Hay mucha testosterona, chupas de cuero y hombretones en cueros. Motos y moteros, ambos de alta cilindrada, circulando entre los límites de las carreteras inglesas y las fronteras de la transgresión con el debutante Harry Lighton a los mandos de la película Pillion, presentada en el festival de Cannes y que irrumpe este lunes en la Seminci de Valladolid con Alexander Skarsgård como irresistible y seductor tótem gay. El actor sueco, de 49 años, exprime su ya sabido magnetismo con un enfoque provocador a través de la dominac...
ión: él ejerce del carismático Ray, deidad para Colin (Harry Melling, actor valiente surgido de la saga Harry Potter), un auténtico pobrecillo prendado del gran jefe, quien lo introducirá en la esfera homosexual y las dinámicas sexuales de dominación con pellizcos de humor travieso.
Skarsgård, cuya carrera mezcla el cine más comercial de masas y series como True Blood, Big Little Lies y Succession con filmes de autor, se ha definido como “afortunado” por haber trabajado en Pillion. Ante los periodistas, este lunes en Valladolid, ha comentado: “Ha sido muy íntimo en un equipo joven y pequeño, con sentimiento de pertenencia y colaboración. Te sabes el nombre de la gente cuando trabajas con 20 personas y no con 400. Es emocionante sentir que no vienen a hacer un trabajo e irse, sino a ser parte de la historia y ponerle energía al rodaje”.






