La sobrevaloración de la vivienda como activo seguro y el cálculo incorrecto de todos los costes puede llevar a rentabilidades escasas e incluso nulas
España vive una crisis de vivienda que impide el acceso, especialmente a muchos jóvenes, a adquirir un inmueble en propiedad. La falta de nuevas promociones, unida al apetito voraz de fondos de inversión y de particulares por adquirir casas y pisos para hacer negocio, ha llevado a que cada vez haya menos casas disponibles y a que las que quedan sean más caras. Pero el problema no es solo el encarecimiento del precio de los inmuebles: el coste real de comprar una vivienda es muy superior al que aparece en los anuncios.
Lo habitual para quien quiere comprar una vivienda es recurrir a una hipoteca. La financiación, necesaria en la inmensa mayoría de los casos para afrontar el pago de 200.000 euros, 300.000 o incluso importes superiores, permite acceder a la propiedad, pero también implica asumir una pesada carga financiera durante décadas que se debe devolver al banco.
Por ilustrarlo con números, comprar una vivienda de 300.000 euros en una gran ciudad, financiada con una hipoteca de 240.000 euros a 30 años con un tipo fijo del 2,9% —el precio medio según los últimos datos del INE— supone pagar en torno a 120.000 euros solo en intereses. Es decir, el comprador paga prácticamente la mitad adicional. Pero ese no es el único sobrecoste que hay que tener en cuenta.







