La dificultad para acceder a una vivienda es la principal preocupación de los españoles, según el CIS, y, sin embargo, la compraventa de inmuebles alcanzó en el primer semestre niveles no vistos desde 2007, en plena burbuja inmobiliaria. Se venden más casas que nunca en una generación y al mismo tiempo se dispara la angustia ciudadana por no poder comprar vivienda. Una aparente contradicción que evidencia la complicada situación que vive el mercado inmobiliario español, para la cual las administraciones no parecen tener respuesta, y que obliga a preguntarse qué tendencias perversas se ocultan detrás de las buenas cifras de negocio para que una gran parte de la población se sienta expulsada del mercado inmobiliario.

Entre enero y junio se vendieron en España 357.533 viviendas, un 20% más que en la primera mitad de 2024, pese a que los precios se sitúan en máximos históricos. A diferencia de los años de la burbuja inmobiliaria, cuando se construían cientos de miles de viviendas al año, la gran mayoría de las ventas (78%) son de segunda mano, dada la escasez de obra nueva. Ese es el principal problema: sin un aumento del parque de viviendas y con una demanda creciente, el mercado da vueltas sobre sí mismo y los precios no paran de crecer. La vivienda protegida, el factor que podría aliviar la presión de precios que padecen las rentas medias y bajas, apenas supuso 7% de las transacciones, lo que la convierte en un elemento completamente residual del mercado y una anomalía en el contexto europeo.