La pieza ahora traducida, de valor incalculable, fue escrita en alfabeto latino, lo que permite a los expertos acercarse más a la pronunciación de este idioma prerromano

En enero de 2024, el lingüista Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, y la profesora María Cruz González fueron avisados de la existencia de cinco fotografías de un bronce prerromano completamente desconocido. “Al ver las imágenes, rápidamente comprendimos que se trataba de una pieza celtibérica, aparentemente en buen estado y con características

661559_158640.html" data-link-track-dtm="">epigráficas y lingüísticas de gran interés. A través de un colega, hicimos llegar al propietario nuestro deseo de realizar una autopsia del epígrafe y eventual estudio, a lo que este accedió sin ningún problema”, relata Gorrochategui en el estudio Bronce celtibérico en alfabeto latino de Igedankom, Complutum, Alcalá de Henares (Madrid). Avance, publicado en la revista Veleia.

En abril de ese año, se reunieron en un hotel con el dueño del objeto. Lo analizaron, lo midieron y lo fotografiaron “durante la mañana de ese día solos, sin ninguna interferencia”. Acabado el trabajo, lo devolvieron, pero pidieron al propietario que les permitiera llevar a cabo “una limpieza por parte de laboratorios especializados en restauración y conservación, un análisis metalográfico del bronce y cuantos estudios sectoriales se necesitaran a cargo de diferentes especialistas”. El dueño afirmó que estaba pensando en una “eventual donación a una institución pública”. Pero nunca más lo han vuelto a ver.