El filósofo andaluz es autor de una trilogía sobre estratos sociales. Señala que con la precarización de la clase media occidental, caen también los derechos humanos y el derecho internacional

Me interesa la gramática del sujeto político”, dice el filósofo Antonio Gómez Villar (Coín, Málaga, 40 años) cuando, en la cafetería Nubel del Museo Reina Sofía de Madrid, se le pide un hilo conductor en su obra. Profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona y codirector del festival de filosofía Barcelona Pensa, empezó con una tesis sobre el posoperaísmo italiano (con autores como Toni Negri o

">Franco Bifo Berardi): le interesaba su forma de conceptualizar la precariedad en el presente. Eso le llevó a seguir con estudios sobre el significado de la precariedad. Coincidiendo con su participación en Podemos y Barcelona en Comú se acercó al concepto de populismo, de donde sale Ernesto Laclau y Chantal Mouffe: populismo y hegemonía (Gedisa, 2021).

Gómez Villar habla en prosa perfectamente transcribible, y así se detiene en una trilogía en curso sobre la clase social: Los olvidados. Ficción de un proletariado reaccionario (Bellaterra, 2026), ¿Qué hacemos con la clase media? (Lengua de Trapo, 2025) y el próximo Un ecologismo del 99% (Herder). En Transformar no es cancelar (Verso, 2024) se permite ahondar en algunas de las derivas identitarias: “Tenía la impresión de que cuando se critica a las luchas, mal llamadas, culturales se corre el riesgo de tirar el agua sucia de la bañera por la ventana con el bebé dentro. Mi idea es tirar el agua sucia, sí, pero quedarnos con el bebé”.