La fuerte subida de la Bolsa en los tres últimos años, las lagunas legales y los avances tecnológicos aumentan los servicios destinados a ahorrar impuestos a los inversores estadounidenses

A David Hauser le encanta invertir en índices que replican el comportamiento de las Bolsas. Tiene poca confianza en que los gestores profesionales puedan batir al mercado. Sin embargo, por una vez ha traicionado esta convicción y le ha entregado cinco millones de dólares a un profesional que utiliza técnicas de inversión cuantitativas. ...

Lo que busca Hauser no es solo generar alfa tradicional para su dinero —obtener un rendimiento por encima de la media—, sino también lograr alfa fiscal, es decir, ser capaz de reducir la factura impositiva y, con ello, aumentar el valor de su cartera. ¿Cómo lo hará el gestor que acaba de contratar? Con una mezcla de posiciones largas —apuestan porque un determinado valor subirá— y cortas —se benefician si esas mismas acciones caen—. Con ello, si acierta, no solo obtendrá beneficios, sino que compensará las posibles ganancias con las pérdidas a la hora de hacer la próxima declaración de la renta.

“Cuando me lo propusieron, pensé que hacerlo sería imposible sin aumentar considerablemente el riesgo de la posición global de la cartera, pero cuando lo analicé con detalle la volatilidad que asumía me pareció más razonable”. Hauser, residente en Las Vegas, no está solo. Después de tres años muy alcistas en Wall Street, han proliferado las estrategias de inversión que prometen optimización fiscal a los estadounidenses más adinerados. En la actualidad, hay más de un billón de dólares invertidos con esta finalidad a través de fondos de cobertura, fondos cotizados (ETF, según sus siglas en inglés), cuentas individuales y otras estrategias. “El denominado alfa fiscal es, ahora mismo, la mayor fuente de rentabilidad que se puede ofrecer a los clientes”, destaca Samuel Harnisch, fundador de Quantitative Financial Strategies.