El año 2025 ha llegado a su ecuador. Cuando el almanaque cruza su cabo de Hornos particular, bancos, gestoras de fondos y analistas de mercado hacen balance con el fin de preparar las carteras de inversión con vistas a la segunda parte del ejercicio. De momento, la cosecha del curso no está siendo mala para los ahorradores, con rentabilidades aceptables en buena parte de los activos, sobre todo si se tienen en cuenta todos los sobresaltos que se han acumulado desde enero. El segundo semestre también llega lleno de incertidumbre. En el lado económico el foco estará puesto en el impacto de la guerra arancelaria desatada por Donald Trump. El 9 julio se sabrá qué ocurre tras los 90 días de gracia que EE UU dio a sus socios comerciales. En el plano geopolítico, la guerra de Ucrania sigue sin desbloquearse y la tensión se extiende por todo Oriente Próximo, ahora con Irán como principal punto caliente.
Se presenta, por tanto, una segunda mitad del curso difícil para la gestión del dinero, pero no por ello yerma de oportunidades. Eso sí, habrá que tener cintura para adaptarse a los diferentes momentos de mercado y templanza en un entorno de volatilidad creciente. De momento, el consenso de analistas augura que se consolidarán las tendencias apuntadas en el primer tramo del año, es decir, mayores flujos de inversión fuera de EE UU, fortalecimiento del euro y unos bancos centrales que se aproximan a su estación de destino en cuanto a la rebaja de los tipos de interés se refiere. Los expertos hablan más de una economía de bloques y el paulatino deterioro de la globalización que había reinado en las últimas décadas. Estamos ante un nuevo escenario de enfrentamiento económico y tecnológico entre EE UU y China, y también ante el posible final del paradigma del dólar como divisa de reserva mundial, aunque aún sigue mostrando su preeminencia.






