Gracias a la cocción lenta la col queda tierna, jugosa y sabrosa. Puedes prepararla para usarla en distintos platos o probar la combinación que te proponemos

Soy bastante aficionada a la lombarda, una pariente del repollo que, al menos en algunas zonas, parece que limitamos a la Navidad. Hervida sin más la encuentro poco atractiva, pero en esta fórmula braseada, la cocción lenta en sus propios vapores la deja tierna, jugosa y con mucho sabor; esta técnica resalta todas las cualidades de esta crucífera.

Esta técnica requiere un poco de paciencia para sofreír lentamente la cebolla morada hasta que esté bien lacia y transparente, y posteriormente brasear la lombarda a fuego bajito en el dulzor cebollil por lo menos 45 minutos. La manzana reineta contribuye con su acidez a mantener el precioso color morado de esta verdura.

La cosa se remata con una longaniza u otro embutido fresco que cortamos en rodajitas y freímos hasta tostar, que le da una fantástica réplica a la lombarda y las manzanas, y aporta algo de proteína al plato. Usa un embutido fresco típico de tu región, el que prefieras, siempre que no lleve pimentón.

La lombarda braseada se puede preparar en buena cantidad –yo suelo brasear con cebolla una lombarda pequeña entera– porque se conserva cuatro o cinco días en perfecto estado bien refrigerada y te sirve para preparar cenas entre semana a tutiplén, variando los acompañamientos. Ahí tienes a la lombarda a tu servicio para tu batch-cooking.