Hay ciudades que funcionan como guardianas de las fronteras más remotas, pero también son rincones para buscadores de paisajes inéditos
Hay ciudades que rayan lo imposible y que funcionan como guardianas de las fronteras en los confines remotos, casi en el fin del mundo. Son lugares en los que resulta difícil imaginar que pueda vivir alguien. Pero viven. Y algunos son también destinos turísticos perfectos para buscadores de paisajes inéditos. Lugares como Ushuaia, en Tierra del Fuego;
-decidio-enterrarse-en-el-desierto.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/icon-design/arquitectura/2021-09-29/por-que-un-pueblo-australiano-decidio-enterrarse-en-el-desierto.html" data-link-track-dtm=""> Coober Pedy, en el desierto de Australia Meridional; o la base antártica de McMurdo, entre otros, reclaman también su hueco en el mapa.
Hay muchas ciudades que ostentan la virtud o el riesgo de estar en el fin del mundo. Cada una tiene sus méritos. Ushuaia, en concreto, hace alarde de su latitud y presume de ser la ciudad más austral del mundo. Ha logrado ser un hito turístico de Argentina a pesar de estar más cerca de la Antártida (a 1.000 kilómetros) que de Buenos Aires (a 3.200). Tampoco es pequeña: casi 70.000 habitantes, que viven básicamente del turismo, aunque siempre fue una ciudad estratégica por su situación.






