La escalada del precio del combustible, más violenta que la del petróleo, pone bajo presión los márgenes. IAG y Ryanair están entre las mejor posicionadas para aguantar el golpe
Un conflicto como el que atraviesa Oriente Próximo deja pocos, muy pocos vencedores, solo una estela de incertidumbre que se cuela por los resquicios de la economía global. En los mercados energéticos, cada estallido, cada declaración, cada sombra de amenaza resuena como un golpe seco: los precios del crudo suben y bajan al compás de los titulares. Ese vaivén se deja sentir con especial crudeza en las compañías de ocio y turismo, y de forma aún más punzante en las aerolíneas.
El efecto sobre el sector se produce por dos vías. Por un lado, el encarecimiento del combustible incrementa de forma inmediata los costes operativos. Por otro, la demanda empieza a mostrar signos de debilidad, un fenómeno que podría acentuarse si las compañías se ven obligadas a trasladar parte del aumento del coste del petróleo a las tarifas. Una subida de precios para compensar el impacto del combustible puede terminar frenando aún más la disposición a viajar. En las cuatro semanas que van de guerra, el sector europeo de ocio y turismo retrocede un 6,5%. Y dentro de él, las aerolíneas son las que peor se comportan. Los recortes oscilan entre el 22,7% de EasyJet y el 8,3% de Ryanair. Más acusadas son las caídas de los nombres estadounidenses. United Airlines y Southwest Airlines registran descensos de más del 10%.








