Entre 40.000 y 60.000 desplazados del conflicto sudanés han recalado en la ciudad de Kufra, donde trabajan, comercian y viven en asentamientos informales. En total, más de medio millón han sido acogidos en la vecina Libia

Como en Sudán, o casi. En su café delimitado por telas de colores y con suelo de tierra batida, Nafissa Boubaker prepara el café como en su país, con especias. Sin embargo, esta madre de 39 años está muy lejos de su tierra natal: le llevó un mes y 20.000 libras sudanesas (28,63 euros), una “fortuna” para ella, llegar hasta Kufra, la primera ciudad libia accesible desde las fronteras del sur de Egipto, Sudán y Chad.

Desde hace cuatro meses, Nafissa trabaja en este café situado entre dos granjas, el nombre que reciben terrenos agrícolas no explotados que albergan, en forma de campamentos, a sudaneses desde el inicio de la guerra en abril de 2023. Hay ocho en la ciudad de Kufra. “Mi marido está enfermo y no trabaja”, explica Nafissa. “Gano entre 100 y 120 dinares libios al día, lo que nos permite más o menos alimentarnos”. Alrededor de su café, cuyo propietario también es sudanés, se ha formado un auténtico espacio comercial. Los locales, construidos con ramas de árboles, telas, lonas, chapas o ladrillos, se suceden uno junto a otro: vendedores de frutas y verduras, tiendas de alimentación, comercios de ropa o de zapatos, lugares para cargar teléfonos, fumar shisha, jugar a las cartas o incluso al billar. Camiones llegan regularmente para descargar mercancías. Un lugar que parece bastante organizado y concebido para durar.