“Ya casi hemos llegado”, me dijo El Tayeb, desde el asiento del conductor. Nos dirigíamos a Rokero, la capital de la localidad sudanesa de Jebel Marra, en Darfur Central, para apoyar a nuestros colegas sudaneses, que habían mantenido en marcha el trabajo de Médicos Sin Fronteras (MSF) en la región desde el estallido de la guerra, en abril de ...

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Rocosa, arenosa y accidentada, cada kilómetro de la carretera que discurría bajo nuestros pies evidenciaba el aislamiento al que se enfrenta la población local. Para las ambulancias, los camiones de suministros o cualquier persona que necesitara atención médica urgente, aquello era más una carrera de obstáculos que una carretera.

Esos pueblos inquietantemente silenciosos, abandonados por sus habitantes para tratar de poner a salvo sus vidas y escapar de la violencia, eran un recordatorio constante de las huellas que está dejando este terrible conflicto en toda la región. Alrededor de nosotros, el vasto paisaje verde parecía extenderse hasta el infinito. Le comenté a El Tayeb que era impresionante ver un terreno tan fértil en mitad de tanta desolación.

“Precisamente, en el idioma local, “rokero” significa valle verde", me dijo. “Así que, ¡bienvenidos al paraíso de Rokero!“.