Cuando en enero de 2024 los equipos de la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) pudieron regresar al Estado de Darfur Sur, situado en el oeste de Sudán, meses después de haber evacuado a su personal de la región a raíz de la violencia que asoló la zona tras el estallido de la guerra civil, se encontraron un escenario funesto.

“La situación, tanto humanitaria como médica, era pésima”, recuerda Ali Almohammed, un coordinador médico de emergencias de MSF. “El centro [de la capital estatal, Nyala] estaba casi destruido, muchas instalaciones sanitarias no funcionaban, y el Hospital Universitario, el principal centro médico de referencia en Darfur Sur, era una especie de campo de batalla”, añade, en una entrevista telefónica con este periódico.

La guerra civil de Sudán comenzó a mediados de abril de 2023 en la capital del país, Jartum, pero se extendió rápidamente a la región de Darfur, un bastión de las Fuerzas de Apoyo Rápido, el grupo paramilitar que se alzó contra el ejército regular. En cuestión de meses, estas tomaron el control de casi todo Darfur, y ciudades como Nyala quedaron devastadas.

Hoy, Darfur Sur, el Estado de Sudán con más desplazados, sigue mayoritariamente bajo su dominio. El terror y el desorden se han convertido en norma y Nyala en lo más parecido a su capital. Los servicios básicos han colapsado y los que se mantienen son inaccesibles para la mayoría.