Varios bufetes globales estudian numerosos despidos en áreas administrativas por el uso de esta tecnología
El bufete americano Baker McKenzie estudia un recorte de su plantilla de hasta el 10% de su fuerza laboral. La noticia fue adelantada hace un mes por el portal británico de información legal RollOnFriday, y más tarde recogida por la agencia Bloomberg y por medios como Law.com. Pero los candidatos a recibir la temida carta de despido no son abogados, sino los
.html" data-link-track-dtm="">trabajadores de apoyo documental y administrativo. De acuerdo con estas informaciones, el ajuste podría implicar la salida de entre 600 y 1.000 profesionales, sobre todo localizados en las oficinas de Londres y Belfast, pero con efectos también en sedes extranjeras.
La información confirma la previsión de los analistas. Inspirado en la estrategia de grandes tecnológicas como Amazon y Microsoft, el sector legal coquetea con la idea de recortar personal que puede ser sustituible por las máquinas. Y el contexto es idóneo: si se tiene en cuenta que la inteligencia artificial (IA) permite elaborar en segundos documentos (contratos, informes…) que antes requerían horas o días de trabajo, plantear estas reestructuraciones se antoja inevitable.










