La familia propietaria se despide del comercio centenario tras el fallecimiento de Conchita Arribas Navarro, la hija del fundador
Poner un pie en el número 16 de la plaza Mayor de Madrid es como viajar a un mundo mágico. La juguetería Bazar Arribas custodia todavía entre sus cuatro paredes algunos de los artículos que marcaron la infancia de miles de niños madrileños durante el siglo XX: pelotas de goma, rompecabezas, trenecitos de juguete, el parchís y una amplia gama de muñecas de todo tipo. El comercio logró mantener vivo su encanto hasta esta semana, cuando la familia ha anunciado el cierre después de que Conchita Arribas Navarro, la hija del fundador, falleciese el pasado 14 de febrero. “No ha sido por un problema del negocio, sino porque las circunstancias han cambiado. Merece la pena hacer un cierre de ciclo”, explica Conchita Rollán, una de las cinco hijas de la propietaria. “La fundó nuestro bisabuelo y nuestra abuela la cuidó con el mismo cariño hasta el final. Ahora que se ha ido, sentimos que también es momento de cerrar este capítulo tan especial”, se puede leer en una nota a la entrada del local a modo de explicación y como despedida.
Fundado en 1919 por Juan Arribas Aguado, el negocio fue creciendo de la mano de cuatro generaciones de una misma familia, que supieron mantener la esencia de un comercio cercano y especializado. Una de las protagonistas de la historia del Bazar Arribas fue la heredera de la tienda, Conchita Arribas, que se encargó durante varias décadas de que el negocio familiar no perdiera fuelle. “Mi madre ha sido siempre una mujer muy luchadora, muy valiente. A mediados del siglo XX, había muchas diferencias entre un hombre y una mujer, no fue fácil lo que hizo ella, se hizo cargo de una juguetería al mismo tiempo que criaba a sus cinco hijas”, recuerda emocionada Rollán mientras ojea, una vez más, los pasillos por los que correteaba cuando era solo una niña. Mientras Conchita Arribas todavía vivía, la sucedió al frente del establecimiento su hija Marta Rollán —que ahora volverá a ejercer su profesión como farmacéutica— y, posteriormente, su nieto Miguel Mauduit, que cogió el mando de manera temporal.






