La autora británica publica ‘Un Aladino y dos lámparas’ donde defiende el poder de la imaginación como resistencia frente al fascismo. Pasó por Barcelona para ser investida doctora ‘honoris causa’ por la UOC y participar en varios actos del CCCB

La cita es en un hotel pegado al Passeig de Gràcia a la hora de cenar, frente a una copa de vino, mucho más tarde de lo previsto. Jeanette Winterson (Manchester, 1959) estuvo a punto de no llegar ese día a Barcelona. “Hubo un accidente en la autopista, de camino al aeropuerto. Un coche se cruzó justo delante de nosotros y destrozó la rueda. Podríamos haber muerto. Me llamaron para preguntarm...

e: ‘¿Sigues queriendo venir?’. Respondí que por supuesto”, decía a finales de febrero la escritora británica, que viajó a la capital catalana para recibir el doctorado honoris causa de la UOC y participar en varios actos en el CCCB, entre ellos un encuentro con estudiantes de secundaria.

Ya hace 40 años que Winterson irrumpió en la literatura con Fruta prohibida, novela semiautobiográfica sobre una joven adoptada por una familia ultrarreligiosa en una comunidad pentecostal. La prolongó hace 15 con ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, titulada con la frase que le lanzó su madre adoptiva cuando le anunció que era lesbiana. Más allá de esos dos libros de raíz personal, Winterson ha construido una obra vasta y singular que abarca casi todos los temas posibles, del género a la inteligencia artificial, el transhumanismo y la crisis climática. Su último libro, Un Aladino y dos lámparas (Lumen en castellano, Periscopi en catalán), regresa a Las mil y una noches como un manual de resistencia para estos tiempos oscuros.