El actor francés Romain Duris destaca en este drama sobre un hombre que tiene prohibido ver a su hija hasta que un día por azar se reencuentran

Una hija en Tokio se estrena en España cuando el Código Civil japonés está a punto de incluir la custodia compartida para padres divorciados. Sucederá el próximo 1 de abril, tras un agrio y complejo debate social. Sin entrar en detalles, aunque aportando alguna pista para intuir el contexto, la película narra el caso de un padre, un francés afincado en Japón, que desde hace años tiene prohibido cualquier contacto con su hija....

Interpretado por Romain Duris, se trata de una especie de náufrago en Tokio, un gaijin (extranjero) que trabaja de taxista en la capital nipona. Antes fue chef, y ahora ayuda a otros que, como él, han perdido el derecho a ver a sus hijos, algo que para un extranjero es doblemente difícil.

Su director, Guillaume Senez, va rápido al grano: es decir, al reencuentro por azar entre padre e hija y cómo ese contacto involuntario pone patas arriba la entereza de un hombre que está a punto de volver a Francia. Intuimos un pasado y una separación complicada, pero la película da pocas explicaciones en general. No hacen falta.

Basta con lo que expresa Duris sin nombrarlo. El peso está puesto en este maravilloso intérprete que aquí se entrega al drama con un desgarro contenido, lleno de ternura. La tristeza y soledad que transmite el actor francés, con un trasfondo de culpa que nunca se aclara, están latentes en su personaje. Duris tiene algo de payaso triste, quizá por su sonrisa fácil y contagiosa. Su personaje resulta desolador y a la vez lleno de energía.