Júlia de Paz no desarrolla apenas el personaje de la madre frente a un progenitor carismático en una opción osada, pero que funciona muy bien

¿Un maltratador puede ser un buen padre? Una pregunta muy simple, pero a la vez cargada de complejidad (¿o quizá sea al revés?), que ha pululado por la sociedad y por los medios de comunicación en estos años de violencia machista, y que afecta tanto a los legisladores como a los jueces encargados de aplicar las leyes, domina y articula la película La buena hija.

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No es, sin embargo, la única cuestión que aborda el notable relato dirigido por Júlia de Paz Solvas, escrito junto con Nuria Dunjó, y desplegado desde el punto de vista de la hija. La disparidad en el carisma de los progenitores, el legado de la violencia, el mal encaramiento juvenil, la vergüenza ante el oprobio y los lugares tan recónditos, difíciles e injustos a los que determinados padres obligan a llegar a sus (supuestamente) queridos hijos son otros de los temas de una obra sincera y equilibrada, ganadora de los premios a la mejor película y del público en el festival de Tallín, a la que quizá solo le falte un punto de concreción en la información legal y judicial del caso.

De Paz, que en su primer largo en solitario, Ama (2021), ya había realizado la operación creativa de desarrollar un corto previo, el homónimo Ama (2018), repite la sistemática en La buena hija, basado en su propio corto Harta (2021). Un ejercicio comprensible y habitual entre los jóvenes cineastas, que ella toma como simple punto de partida. De hecho, no son pocos los cambios que ha hecho con sus personajes. El más importante, en una propuesta más madura, solvente, arriesgada y compleja, dotar de no pocas cualidades a un hombre al que se le escapan el mal genio y la violencia de un modo imparable, pero que, en principio, trata a su hija adolescente como el “buen padre” de la pregunta inicial de esta crítica. Y en ese sentido resulta primordial la labor interpretativa de Julián Villagrán, carismático, simpático y peligroso, poniendo sobre la mesa desde bien pronto su candidatura a mejor actor de reparto en los aún lejanos premios Goya del año próximo.