Millones de inmigrantes siguen trabajando en las monarquías de la península arábiga a pesar de los misiles y drones iraníes

Miles de pasajeros de todo el mundo quedaron atrapados en los aeropuertos de Oriente Próximo nada más iniciarse la guerra de Israel y EE UU contra Irán. Al inevitable caos logístico, se sumó enseguida la queja ruidosa de un puñado de influencers que contaban la situación como si fuera el fin del mundo. La prensa detectó ...

también que los ricos que se resguardan del fisco en las costas árabes del golfo Pérsico encargaban con discreción aviones privados para salir pitando desde Mascate o Riad. Pero la mayoría de los extranjeros de la zona no pertenecen a ninguna de esas dos categorías. Y han seguido trabajando.

Pocos se han parado a reflexionar sobre esos millones de personas que hacen posible el funcionamiento de las seis monarquías de la península arábiga (agrupadas en el Consejo de Cooperación del Golfo, CCG). Desde albañiles, limpiadoras, cocineros o chóferes hasta profesoras, médicos, enfermeras, científicos o empleados de banca. Unas pocas cifras ayudarán a entender su relevancia, sus angustias y lo poco que les representa la infantil dramatización de quienes se instalaron allí atraídos por el oropel o para evadir impuestos.