El número de extranjeros que trabajan en situación irregular en España se ha duplicado en cuatro años, hasta rozar el medio millón, según un estudio de Fedea
A Bladimiro le gusta la fuerza con la que suena su nombre, y su historia está a la altura. Natural de La Guajira, una región de Colombia pegada a Venezuela afectada por la violencia de grupos armados, este hombre de 26 años llegó a España a finales de 2024 con un título...
en Administración de Empresas, unos 2.000 euros ahorrados y el sueño de trabajar en lo que fuera para reunir capital y abrir su propia concesionaria. Como no tenía un precontrato —y, por tanto, tampoco permiso de empleo— intentó pedir asilo, sin éxito. Tras cinco meses en paro, la única forma de quedarse en España fue aceptar un trabajo en negro en una empresa de la construcción en Madrid.
“Me tocaba aceptar todas las condiciones”, cuenta Bladimiro, que prefiere no dar su apellido por encontrarse en situación de irregularidad. Entre esos requisitos estaban las jornadas de 10 horas y un sueldo de menos de seis euros la hora, un 20% por debajo del convenio. Un sueldo, asegura, por llamarlo de algún modo porque, según afirma, cobraba solo cuando a su empleador le daba por pagar y trabajó sin recibir nada desde diciembre pasado hasta dejar el puesto en febrero.






