Las plataformas deciden cómo debe ser el periodismo a través del control sobre sus ingresos publicitarios, y ahora toca asfixiarlos
A los periodistas nos encanta hablar de periodismo en público y de otros periodistas en privado, pero no tanto del negocio que nos sostiene. Y eso que pocas cosas ayudan más a contextualizar la información que entender las condiciones materiales en las que se produce. El sector de los medios lleva años preocupado por su sostenibilidad, y las últimas noticias han agravado la ansiedad. Esta semana, han cerrado el grupo digital Noxvo, editor de cabeceras emblemáticas como eCarteler...
a y Fórmula TV, y la versión en línea de la revista Pronto, que ha anunciado que se centrará en su edición en papel. Recientemente, otros medios han reestructurado equipos, realizado discretos despidos en puestos enfocados al tráfico o rescindido contratos con las empresas externas que les proporcionaban servicios de posicionamiento y redactaban “contenidos” rápidos y baratos. Estas son decisiones insólitas: los verticales especializados suelen ser resilientes gracias a su precariedad, hasta ahora eran las versiones analógicas de los medios las que cerraban (no las digitales), y si algo se ha priorizado últimamente han sido los grandes volúmenes de lectores ocasionales originados en buscadores.






