La fastidiosa actividad de los informadores será combatida de todas las maneras posibles. La más sencilla es el descrédito social

Mal harían los periodistas en dejarse vencer por una sensación de fracaso y descrédito en su profesión. Supongo que perciben que ese ataque forma parte de un plan de destrucción contra la pertinencia de su oficio. Hay plataformas políticas que hartas de la función crítica del periodismo decidieron combatirlo de la manera más zafia, fabricando sucedáneos de periodistas que enfangaran el gallinero público. Hemos llegado a oír durante el juicio surrealista al fiscal general del Estado a un

guel-angel-rodriguez-se-contradice-en-el-supremo-y-alega-que-es-periodista-no-notario.html" data-link-track-dtm="">asesor político presentarse como periodista para afirmar que por tanto puede mentir. No es cierto, su mentira no fue periodística sino política, pura acción de ataque y ceremonia de confusión. Al comparar el periodismo con la profesión de notario y sostener que en esta segunda no se miente jamás, aún llevó más lejos la mentira. Los notarios, como los periodistas, son en su mayoría gente honesta, pero también se conocen algunos que cierran los ojos en compras con dinero negro y asisten a transacciones sucias sin hacer honor a su cargo de supervisor legal. De hecho, no existe una sola profesión en el mundo que no se vea expuesta a que en su gremio haya personas que se comporten de forma indigna. Nada garantiza que entre los sacerdotes o los médicos, entre los policías o los artistas, todos sean honestos y fiables.