Uno de los velatorios por la familia Bani Odeh tras el asesinato a manos de la policía israelí de cuatro de sus miembros: Ali (37) y Waad (35) y sus hijos Otman (7) y Mohamed (5). EFE/Magda Gibelli
Paula Bernabéu |
Tamún (Cisjordania) (EFE).- En Tamún, las calles están desiertas tras una noche de oración por el ramadán y sólo dos reuniones rompen el silencio. Son los velatorios en los que hombres y mujeres apoyan a la familia Bani Odeh tras el asesinato a manos de las fuerzas israelíes de cuatro de sus miembros: Ali (37) y Waad (35) y sus hijos Otman (7) y Mohamed (5).
«Sin aviso, sin preguntas, sin pararles. Nada. Mataron al padre, a la madre y a dos de sus hijos», explica el padre de Ali, Jaled Bani Odeh, con gesto agotado. Está sentado en el salón donde el domingo que se celebró el funeral de la familia, presidido por una pancarta con sus fotografías y nombres (salvo en el caso de Waad, representada con una flor).
Ali y Waad volvían junto a sus hijos de intentar comprar ropa en la ciudad vecina de Nablus (norte) tras romper juntos el ayuno del ramadán. Al entrar de madrugada a Tamún se encontraron de frente con una operación de la policía de Israel: los agentes abrieron fuego inmediatamente contra el vehículo.












