Desde el inicio de la guerra, nueve palestinos han muerto por ataques de ese colectivo. Los autores de esos crímenes no suelen ser detenidos ni condenados

Una calma inquietante reina en el lugar donde una bala mató al palestino Farea Hamayel. Junto a uno de los olivos tras los que trató de esconderse, alguien ha rodeado con unas rocas algo más grandes las piedras sobre las que se derramó su sangre, como si quisiera preservar la memoria del aciago final que corrió este hombre de 57 años. Un reguero de manchas rojas recorre parte del sendero de tierra

-en-una-lucha-diaria-llena-de-incertidumbres.html" data-link-track-dtm="">por el que sus vecinos trataron en vano de socorrerlo.

La noche se enseñoreaba el 8 de marzo de los campos que rodean Khirbet Abu Falah, una localidad en el centro del territorio palestino ocupado de Cisjordania, cuando una turba de más de un centenar de colonos israelíes abrió fuego contra los habitantes del pueblo, que habían acudido a auxiliar a una familia cuya casa estaba siendo atacada. Una bala entró por encima de la oreja de Farea Hamayel; otra impactó entre las cejas de su primo Thaer Hamayel, de 24 años, recuerda junto al olivar otro pariente lejano de ambos, Omar Hamayel.