La selección sudamericana alcanza su primer título del Clásico Mundial al derrotar a un equipo estadounidense cargado de estrellas (3-2)

Pocas cosas dan un mejor guion que el deporte. Y pocos deportes dejan historias como el béisbol. La selección venezolana rompió todas las quinielas en un partido de infarto y derrotó en la final del Clásico Mundial a Estados Unidos, un equipo que amasó para este torneo lo más similar que se ha visto en el deporte norteamericano al Dream Team de Barcelona 1992. Pero esa constelación de superdotados no hizo temblar a la novena latinoamericana, que logró una épica remontada en la última entrada para lograr la victoria 3-2. Venezuela cierra así, con el corazón en la mano, un campeonato de ensueño. Y con el valor simbólico de derrotar a los dos gigantes del diamante: al japonés Shohei Ohtani (en cuartos) y al norteamericano Aaron Judge.

El encuentro de esta noche tenía un doble valor simbólico. Por un lado, el político. Eso incluye desde el papel absolutista de EE UU en Venezuela después de capturar a Nicolás Maduro —o que Donald Trump dijera el lunes que el país sudamericano debería ser anexionado— hasta el trato vejatorio hacia los migrantes venezolanos, quienes fueron mayoría en el estadio LoanDepot de Miami. Por otro lado, está la revancha deportiva: con la victoria de esta noche, los sudamericanos exorcizaron los fantasmas que quedaron tras su eliminación en cuartos de final en 2023. En aquella ocasión, el equipo tricolor quedó en la lona después de que el el estadounidense Trea Turner conectara un grand slam en la octava entrada para dar la victoria a los suyos 9-7.