Pedro Sánchez ve una oportunidad en la crisis con el país vecino y rebaja la tensión con sus homólogos. Sobre Colombia dice: “La paz, al igual que el amor, no se mendiga”
El ministro de Defensa de Colombia duerme poco. Muy poco. Se levanta a las 4.30 de la mañana y su agenda se alarga hasta bien entrada la noche. Cuando Pedro Sánchez recibe a EL PAÍS en su despacho este lunes, se le escapa algún bostezo, pero está de buen humor. Se ríe cuando escapa de las preguntas y bromea para que le saquen bien en las fotos. “Pose casual”, le invita medio en broma, medio en serio, su uniformada jefa de prensa. Aún le queda una entrevista más —la tercera de la tarde— antes de salir corriendo a un Consejo de Ministros en el que el presidente Gustavo Petro acusará a Ecuador de bombardear territorio colombiano en su lucha contra el narco. Un día más que se acostará tarde.
El hallazgo de una bomba en una zona rural cercana a la frontera con Ecuador incendió la agenda de dos mandatarios ya enfrentados. “Presidente Petro, sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”, le retó el presidente ecuatoriano Daniel Noboa. Pero a lo largo del martes, las autoridades colombianas confirmaron que el artefacto efectivamente provenía de Ecuador. “Estamos intentando aclarar las circunstancias de cómo llegó hasta allí”, explica el ministro en una conversación posterior a la entrevista.







