El magnicidio del pasado verano, una secuencia de secuestros y amenazas constantes convierten la seguridad en prioridad absoluta para el 8 de marzo
Pasadas las once de la noche, cuando en Bogotá la mayoría de los despachos oficiales ―y las casas― han apagado las luces, el ministro de Defensa de Colombia, Pedro Sánchez, atraviesa la ciudad a toda velocidad para una nueva reunión. Es la enésima de un día en el que dos candidatos al Congreso han sido secuestrados. Estos días, e...
l 8 de marzo lo ocupa casi todo. A menos de una semana de las elecciones legislativas, la seguridad dejó de ser un capítulo más de la campaña para convertirse en la prioridad absoluta del Estado. Tras el magnicidio del pasado verano del aspirante opositor Miguel Uribe Turbay, tres secuestros de políticos en menos de un mes y una sucesión de amenazas, Colombia se adentra en su periodo electoral en estado de alerta.
La tensión volvió a escalar este lunes. El alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia suspendieron una visita a la mayor hidroeléctrica del país tras denunciar un posible plan de una facción de las disidencias de las FARC para atacarlos con drones. El Ejército, horas después, concedió que el grupo tenía la capacidad de hacer eso y mucho más, pero negó tener conocimiento de esa amenaza específica. “Entonces estamos jodidos porque la información nos la dio el Ejército y nos la dieron también los integrantes de nuestro esquema de seguridad, que son de la Fuerza Pública”, replicó el alcalde Federico Gutiérrez, declarado opositor del presidente Gustavo Petro.







