Unidos por un pasado que les había situado demasiado pronto bajo los focos, Culkin y Song encontraron el uno en el otro una segunda oportunidad. Con dos hijos en común, mantienen hoy una de las relaciones más sólidas de Hollywood
Su romance parece sacado del argumento de una comedia romántica con un ligero poso de drama. Contaría la historia de dos actores que, ya adultos, intentan abrirse camino en una industria que los recuerda sobre todo por el éxito descomunal que alcanzaron en la infancia. Dos antiguos niños prodigio que tratan de huir de un pasado tan profesionalmente glorioso como emocionalmente complejo y que terminan encontrando en el otro un espejo en el que re...
conocerse y, quizá, también curarse.
El primer acto no empezaría del todo bien. Su primer encuentro, allá por 2014, tuvo lugar a raíz de la cancelación de una serie de televisión. Él, amigo de uno de los actores de la ficción –Seth Green–, intentaba animar a quienes acababan de quedarse sin trabajo bromeando con que la ficción “tampoco era demasiado buena”. Ella, protagonista de la serie, no le vio ninguna gracia al comentario y años después confesaría que el autor de aquel chiste “no le caía nada bien”. Tres años más tarde, el amigo en común decide rodar una película de bajísimo presupuesto y pide a varios de sus colegas más cercanos, casi a modo de favor, que viajen con él a Tailandia para filmarla en apenas unas semanas. Allí, aquel actor sarcástico y aquella actriz a la que le cancelaron la serie vuelven a encontrarse. Esta vez se conocen de verdad. Se gustan. Y, aunque su plan inicial era rodar durante apenas diez días, ambos terminan quedándose seis semanas en el Sudeste Asiático. El rodaje termina siendo algo más que una película. Casi diez años después, Macaulay Culkin y Brenda Song son padres de dos niños y forman una de las parejas más inesperadamente sólidas, queridas y observadas de Hollywood.






