El vigente campeón de la Champions imprime un global de 8-2 al rival que le arrebató el Mundial de Clubes
Reece James, la sobria viga maestra del Chelsea, no estaba en la alineación. La noticia de la baja por lesión del capitán inclinó la eliminatoria más cargada de jerarquía que presentaron los octavos de la Champions. Después del 5-2 de la ida en París, al Chelsea solo le restó invocar a la heroicidad y rezar para que algún accidente le favoreciera ante un Paris Saint-Germain que cruzó el Canal de la Mancha inspirado por un sentimiento de revancha.
Sin tacto alguno, el speaker de Stamford Bridge lo anunció a todo pulmón. La megafonía del estadio emitió un mensaje inequívoco: “¡Saltan al campo los campeones del mundo!”. Fue el estribillo de las presentaciones. “¡Esta es la alineación de los campeones del mundo…!”. El recuerdo repetitivo de la final del Mundial de Clubes conquistada en Nueva Jersey a costa del PSG sirvió a los dirigentes del Chelsea para estimular a los futbolistas a que intentaran la remontada. Por la misma vía, espolearon a los rivales a demostrar que el partido que presidió Donald Trump en la última canícula fue un ritual vacío pues quien quiera escalar a la cumbre del fútbol de clubes debe subir la pared helada de la Champions League.








