El Paris Saint-Germain, la máquina de fútbol que trituró al Inter de Milán en la final de la Champions (5-0), devolvió al Real Madrid a su realidad de equipo a medias entre la falta de cocción y el punto demasiado pasado. El equipo recién asumido por Xabi Alonso se encuentra todavía lejísimos de la cumbre que ocupa ahora el equipo de Luis Enrique, que hizo lo que quiso con un Madrid que comenzó tirándose él solo por el barranco con dos errores gravísimos de Asencio y Rüdiger. El batacazo empezó en eso, pero continuó luego con un desarrollo en el que el Real no emitió señal alguna de poder acercarse a un PSG que disputará este domingo en Nueva Jersey contra el Chelsea la primera final del nuevo formato del Mundial de Clubes (21.00, Dazn y Telecinco). Luis Enrique devolvió al Madrid al pasado de hace unas semanas, cuando parecía un equipo en desintegración, absoluto fin de ciclo.

La semifinal se retrasó diez minutos porque el autobús de los blancos sufrió un problema en un túnel camino al estadio y llegó tarde. Como había llegado tarde la noche antes a Nueva York por el efecto de las tormentas en el despegue de su avión en Palm Beach y después en el aterrizaje, que solo pudieron completar después de más de una hora volando en círculo. Al partido con el PSG también llegó tardísimo. En realidad pareció no haberse presentado. En solo nueve minutos ya había recibido dos goles. Y eso que Courtois había realizado dos paradas de gran dificultad. El Madrid era la nada. Y una nada desorientada.