Los azulgrana se batieron con entereza, agarrados al marcador más que al partido hasta el penúltimo minuto, cuando Gonçalo Ramos puso el 1-2

El PSG acreditó en Montjuïc su condición de campeón de Europa ante uno de los aspirantes más cualificados como el Barça. Jugaron los franceses un muy buen partido, fueron un equipo siempre reconocible, incluso sin varios de sus titulares, y se afirmaron en su idea de juego después de negar al Barcelona. Los azulgrana se batieron con entereza, agarrados al marcador más que al partido hasta el penúltimo minuto, cuando Gonçalo Ramos puso el 1-2. Pedri ya había reventado para entonces y Vitinha mandaba con una autoridad incontestable en el silenciado Montjuïc. No fue una cuestión de campo ni de alineaciones, tampoco de ganas, sino de futbolistas y de plan de juego, de superioridad del PSG.

El Barça formó sin Araujo, señalado por las últimas visitas del PSG, ni Lewandowski. Ambos son dos futbolistas de altura y área, diferentes a sus sustitutos, jugadores con más cintura y mejor pie como Ferran, Eric y Cubarsí. La composición de la defensa se explicaba seguramente por las ausencias de los delanteros titulares del equipo francés -Dembélé, Doué y Kvaratskhelia- y la presencia de dos juveniles -Mbaye (17 años) y Mayulu (19)- con Barcola (23). Las muchas lesiones no incidían de todas maneras en los litigios más significativos: el mano a mano Lamine Yamal-Nuno Mendes y el pulso de las dos líneas de medios probablemente más interesantes del torneo que forman Pedri-De Jong-Olmo (en ausencia de Fermín) y Vitinha-Fabián-Zaire-Emery (a falta de João Neves).