Dentro de la gala fluyeron la bebida y las predicciones sobre cuántos galardones se llevaría la película de Ryan Coogler
Dentro del teatro Dolby, las gradas se querían caer cuando Michael B. Jordan ganó el Oscar a mejor actor. Todo el teatro se puso de pie para celebrar la gran victoria de la noche para Los pecadores, que en total se llevó cuatro galardones, por detrás de los seis de Una batalla tras otra. La ovación para el actor expresaba la conversación que se repetía por los pasillos durante la noche de los premios del cine más esperados del año. En las barras del mítico Dolby, una misma pregunta se repetía una vez tras otra: ¿cuántas estatuillas se llevaría el filme de Ryan Coogler?
La euforia colectiva por la película sobre vampiros y blues ambientada en el sur de Estados Unidos durante la dura y violenta época de Jim Crow —leyes que impusieron la segregación racial hasta mediados de los 1960— alcanzó su punto álgido cuando Jordan subió al escenario para recibir el primer Oscar de su meteórica carrera. Arrancó su discurso con una afirmación tradicional de la iglesia cristiana afroamericana: “Dios es bueno”. “¡Todo el tiempo!”, le respondieron algunos desde las butacas. Además de agradecer a su familia y seres queridos, como hicieron todos los demás ganadores, Jordan aprovechó la oportunidad para reconocer el legado de otros hombres negros que, como él, han pasado por esa tarima. “Estoy aquí gracias a quienes me precedieron: Sidney Poitier, Denzel Washington, Halle Berry, Jamie Foxx, Forrest Whitaker y Will Smith; y por estar entre esos gigantes, entre esos grandes, mis antepasados, entre los míos”.
















