El director y el equipo del filme español, nominado a mejor película internacional y mejor sonido, se preparan para la gala de este domingo tras pasar meses en Hollywood entre alabanzas de compañeros y espectadores

Con sabor agridulce, el cineasta español Oliver Laxe ya ve el final del camino. Cansado, vestido con traje de rayas y camiseta de David Lynch, apura sus últimas horas en un Hollywood que le ha tratado infinitamente mejor de lo esperado, a él y a los suyos. O más bien, a las suyas. Su aplaudida película Sirât termina este domingo su andadura estadounidense con los premios Oscar, en los que está nominada en dos categorías: mejor película extranjera y mejor sonido, en este caso para Laia Casanovas, Yasmina Praderas y Amanda Villavieja, el primer equipo femenino en 98 años de historia de los galardones en lograr una candidatura en este apartado. Laxe saldrá de Hollywood con honores, aunque no se lleve ningún premio. Él dice con buen sabor de boca: “Me he sentido abrazado”.

La promoción de la película ha sido intensa; nadie llega a los Oscar solo con talento, sino que hace falta una poderosa maquinaria detrás para lograr visibilidad, nominaciones y premios. En el caso de Laxe, de 43 años, partió de España con el apoyo de Movistar Plus+; después, Cannes fue un enorme impulso, y ya en Estados Unidos la distribuidora Neon apostó por su filme y triunfó. La empresa tiene en cartera cuatro de las cinco nominadas a mejor película internacional: además de Sirât, también Valor Sentimental y El agente secreto (empatadas como favoritas en la categoría) y la iraní Un simple accidente; solo les falta La voz de Hind.